Chamacuero, Gto.
(También llamado Comonfort, Gto.)
Espacios en Chamacuero
La Fábrica en el Cerro
El Retablo del Templo de Nuestra Señora de Los Remedios
La Capilla vieja de Orduña de Abajo

Capilla  antigua en el Barrio de San Agustín
Creo que desde el diseño inicial de esta página debiose considerar una sección para, al menos, enumerar los lugares, construcciones o sitios de nuestro municipio que tienen alguna singularidad, sea por su estado de preservación, su belleza, su importancia para los chamacuerense o por su historia.
Seguramente la larga descripción que publicamos sobre el Templo de San Francisco hubiera quedado mejor ubicada en esta sección que en el apartado de Historia (poco a poco reubicaremos esos artículos).  Quizás el caso del templo es atípico, pues se cuenta con bastante documentación para conocer su historia, no será el caso de muchos otros "Espacios", por lo que la participación de los amables lectores será invaluable, ya sea que nos proporcionen información adicional sobre algún lugar o edificio que hayamos mencionado, o nos sugieran hablar de algún otro que consideren singular.
Finalmente, cuando yo era un muy incipiente estudiante de Arquitectura, uno de los más entrañables profesores nos preguntó cuál era la materia prima del arquitecto, luego de que los alumnos sugirieran a ciegas : "La piedra, el tabique, el concreto, el plano, etc". El maestro aclaró, con el aire propio de una revelación profunda: "La materia prima del arquitecto es el espacio". Rememorando todo aquello decidí nombrar a esta sección "Espacios en Chamacuero".  Claro, también porque : "Edificos, construcciones, monumentos y lugares de Chamacuero" era más largo (y menos incluyente).
El Retablo de las Ánimas del Purgatorio
Descripción del templo de San Francisco de Asís
El Pueblo y la Fábrica de Soria
El templo de Comonfort, dedicado a la Virgen María en su  advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, tiene una historia un tanto diferente a la de otros templos del municipio, en parte porque su construcción no es tan antigua como el templo parroquial, o el templo de  Nuestra Señora de los Remedios, y en parte porque su función se vio interrumpida a pocos años de su construcción. Antes de mencionar algunos aspectos de esta historia, conviene decir que este templo se localiza al poniente de la cabecera municipal,  muy cercano a la margen del Río Laja, digamos que a unos cien metros de la ribera izquierda de este río.

Se puede decir que ahora y hace ciento cincuenta años, el predio estaba en las márgenes del área urbana, el cauce del Río Laja entonces y ahora es una limitante natural para el crecimiento de las poblaciones.  El predio original mide unos veinticinco  metros de frente y setenta de fondo, de los cuales, los cuarenta primeros pertenecen al atrio. Digo que el predio original porque hace unos cuarenta años, un terreno aledaño pasó a formar parte del atrio, ensanchándolo unos trece metros que, a lo largo del tiempo han resultado de mucha utilidad.

Líneas arriba mencioné "hace ciento cincuenta años", por ese entonces debe haberse comenzado la construcción del templo.  A todos los que intentamos investigar algún suceso histórico nos encantaría contar con las fuentes documentales, suficientes e inobjetables, para poder conocer los sucesos del pasado con absoluta certeza. Generalmente esto no es posible,  mucho menos en acontecimientos cotidianos de los que nadie se preocupa por dejar constancia.   En este caso, se cuenta con una carta que envió el sacerdote J. Jesús Franco a la Arquidiócesis de Morelia. Una copia de este documento está enmarcado en la Sacristía del templo de Guadalupe, de ahí, amablemente,  me permitieron fotografiarlo,  lo mismo que algunas imágenes antiguas de la construcción. 
Transcribo la carta completa, porque nos dice mucho más de lo que expresan sus renglones:

 
Aunque resulta evidente que la geometría y altura de la nave no cambiaron con su reconstrucción, algo ligeramente diferente sucedió con el altar mayor. Afortunadamente contamos con dos fotografías antiguas de este elemento (mismas que también me compartieron en la sacristía del templo), que nos permiten compararlo con el actual.   Como no puedo asegurar que usted, amable lector, ha leído mi muy interesante Descripción del Templo de San Francisco, disponible en esta misma sección de Espacios, reitero un poco unos cuantos conceptos.   El espacio en la cabecera de un templo se llama ábside, en éste se ubica el altar y en consecuencia el presbiterio, aunque puede haber un presbiterio previo al ábside en templos muy grandes.  El altar es la mesa sobre la cual se realiza la Consagración, lo que está detrás es retablo, pero se le suele llamar altar mayor a todo el conjunto.

Los ábsides suelen ser de forma semicircular, lo cual es perceptible por la cara exterior de ciertos templos. En este caso, el muro posterior presenta dos elementos que, vistos dese arriba son un cuarto de circulo, al centro de éstos está el elemento principal que se encuentra exento (es decir separado) del muro del fondo, formando una especie de baldaquino o ciprés.  Estos elementos son muy similares, en su concepción y en su geometría al del altar mayor del templo de San Francisco.

Estos elementos con planta en cuarto de círculo contienen un nicho, en su lado más cercano al muro tenían una columna de orden Jónico y en su lado central dos columnas,  los elementos actuales presentan una columna de cada lado. El elemento central, el que contienen la imagen tutelar del templo presenta un basamento sobre cuyos extremos se desplantan dos pilastras jónicas de menor proporción a las del resto del conjunto, no tiene arquitrabe, pero sí una especie de friso con amorcillos y guirnaldas, sobre éste una cornisa y rematando este elemento un semicircular ornamentado con dos ángeles y ramos de flores.

Actualmente todo el conjunto se levanta sobre  un estilóbato de tres bandas y bajo éste un zócalo que sigue la misma geometría.   Alguna vez, como se aprecia en las imágenes antiguas, toda la cornisa era rematada por un barandal, como si sobre ésta alguien realizara un imposible rondín. Estos elementos, si bien no son muy comunes, existen en templos mucho muy antiguos y, aparentemente, sí tenían una función práctica de mantenimiento, como pudo haber sido en este caso, dado que están a la altura de las ventanas. Creo, sin embargo y sin menospreciar al arquitecto responsable, que se trajo la idea del cercano, bello y muy neoclásico Templo del Carmen  de la ciudad de Celaya. Y ya que menciono dicho estilo, si en algún apartado hubiera que clasificar este templo, no dudaríamos en llamarlo neoclásico, máxime que en el momento de su construcción, no se concebía otra corriente de diseño para estos espacios.

Se puede intuir qué elementos son propios del diseño original del templo y cuáles no, sin embargo no hay modo de asegurarlo categóricamente, lo cual no es relevante tampoco. Más importante es que la esmerada atención que los responsables de este espacio han puesto en su cuidado lo tiene en un alto grado de belleza, con muchas de sus superficies bellamente doradas y un minucioso adorno sobre muros y bóvedas,  con cenefas en las aristas de las bóvedas y en la colindancia con arcos y pilastras. Sobre cada cara de las bóvedas está el monograma de María.  Como sé que aun para quienes tienen conocimiento de esta materia y su terminología es complicado ir siguiendo las descripciones al resepecto, incluyo un diagrama con los nombres de cada elemento, no significa que esta sea una propuesta de colores para redecorar este espacio.

En algunos testimonios que había yo recabado, se mencionaba que la construcción del templo databa de los años treinta del siglo XX, esto no es posible, por supuesto si damos por buena la información que menciona el Padre Franco, de que la inundación de 1912 deterioró el templo.  En lo particular me suena muy congruente la información que la carta proporciona, es probable que el templo original se haya de dicado en 1895, dado que en ese año se realizó la coronación de la imagen que está en la Basílica de la ciudad de México. Más aún, una de las campanas ostenta una fecha que parece ser 1891. También anterior a los años treinta.   Más allá de esta información, por supuesto que es de llamar la atención la dedicación que, pese a su estado de salud, manifiesta el sacerdote para realizar esta labor.  Hoy en día sabemos que fue fructífera, finalmente y que las tareas de remozamiento y las mejoras, prácticamente continúan hasta el día de hoy.  Cuando el padre Franco menciona el entusiasmo de los fieles de la Parroquia tienen muchísima razón, muchísimas personas, no sólo del rumbo del templo, sino de toda la parroquia se sumaron gustosos a la labor.


En el exterior tenemos una portada de dos cuerpos, el primero lo comprende la puerta, propiamente, colocada en un arco de medio punto, la arquivolta del arco tiene tableros que, al ser radiales, podríamos calificar como dovelas, estas "dovelas" tienen un original diseño, la clave es más grande, del doble de tamaño, que las dovelas aledaña a cada lado, éstas, a su vez son del doble de las dovelas contiguas, que son dos,  a estas les sigue una dovela grande y dos pequeñas más. Pero, como estos elementos no se manifiestan en el intradós, que es liso, podíamos llamarlas nada más tableros y no dovelas.  Estos tableros (y siguiendo el ejemplo de las dovelas podríamos llamarlos sillares) se repiten en las jambas del arco, también con el ritmo de un sillar grande y dos pequeños, mismos que arrancan desde basa, como si fueran columnas, sin embargo en la cara interna de  las jambas hay una pilastra dórica, que tiene la misma basa que la cara exterior de las jambas y termina, justamente en la imposta del arco.  En las enjutas del  arco hay  sendos medallones y, sobre estos, capiteles que se corresponden con las jambas, sin embargo el entablamento que debería seguir a estos capiteles no presenta arquitrabe aunque sí friso, cornisa y un frontón en cuyo tímpano está el monograma de María.

El segundo cuerpo lo comprende la ventana coral, cuyo marco es una moldura corrida de vértices redondeados, destaca en este marco una clave ornamentada con una hoja de acanto. En el claro de la ventana hay un vitral con la imagen de la Virgen de Guadalupe.  El marco está flanqueado por dos columnas jónicas que se desplantan sobre una cornisa, apoyada sobre dos ménsulas.  Este cuerpo tiene un entablamento completo rematado por un frontón trunco en cuyo tímpano hay un escudo con el monograma de María.

La fachada, que no la portada, presenta una sencilla cornisa en su pretil, misma que en el centro desarrolla un par de volutas para estructurar un remate para la portada, este remate está coronado por una pequeña cruz.

La imagen antigua nos revela que el primer cuerpo está casi igual a su original no así el segundo que fue modificado  con acierto, desde mi punto de vista.


Este artículo seguramente está lleno de imprecisiones, ha sido mi intención tomar una serie de imágenes en el propio templo, así como corroborar in situ, algunas afirmaciones que aquí hago. Cuando sea posible, dadas las circunstancias sanitarias, realizar una visita al templo, corregiré lo que sea menester e ilustraré lo aquí indicado con unas fotografías más específicas.  Entre tanto vuelvo a agradecer a la Sra. Carolina Camacho y, en general, a los responsables del templo, por la información y por las imágenes que amablemente me proporcionaron.
Comonfort, Gto.  a 14 de octubre de 1,944
Excmo.  y Rvdmo.   Sr. Dr. Dn.
Luis Ma. Altamirano y Bulnes.
Morelia, Mich.
Muy estimado Padre:
    Como no me fue posible hablarle en la Basílica, lo hago ahora aunque con brevedad.
    El Médico que me atiende, al reconocer mis enfermedades el día 5 del presente mes, no me dijo nada de operación, a pesar de que, dos meses antes, estaba ya determinado a hacerla; para confirmarme más en esto, me dirigí a otro especialista, de acuerdo con el parecer de S.E. para confrontar opiniones; tampoco se decidió por la Cirugía; una tercera opinión tuve que oír, con casi los mismos resultados; queda en concreto esto: que por ahora, no es necesaria la intervención de la Cirugía, y que el tratamiento que voy a seguir en adelante, es de tonificarme; es probable que yo sea un desahuciado prácticamente  y que, lo que me haga, se solo para mejor vivir en adelante; estos pocos días que restan, los debo emplear lo mejor posible.

    Otro asunto: Hay aquí, en la orilla de Comonfort, como a 400 mts. de la Parroquia y como a 150 mts. de la orilla del Río de la Laja, un templo arruinado por la inundación de 1912 y empeorado, tiempo después, por un rayo; con todo, quedan los muros, con dos cuarteaduras, bastante macizos, la bóveda destruida, Altar Mayor, pavimento y Sacristía, semidestruidos; de la torre solo tiene el comienzo; tendrá de fondo algunos 40 mts; de ancho algunos siete; se ha llamado has ahora, El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, dedicado a Ella, me parece, que en 1895. De lo que fue, solo quedan, las ruinas del Templo, la Santa Imagen, y una campana. Desde entonces se ha descuidado un poquito, aquello, y el Gobierno, aprovechándose de este descuido ha estado rentando como terreno de sembradura, lo que fue el cementerio, en una bagatela; los arrendatarios ocupan la Sacristía, y un burro pasa las noches en el templo. Últimamente corrió la versión, de que estaba puesto en subasta pública, todo el Santuario; me dirigí luego a la Oficina Federal de Hacienda, para ver lo que había de cierto; el Jefe, (sr. Rojas) me dijo, que un Sr. ricachón de aquí, ofrecía tan solo trescientos y tantos pesos; algunas personas de Escobedo, algo menos; cantidades sin proporción a la que pide el Gobierno, la cual alcanza a setecientos y tantos pesos. Es probable, que en esa mezquina cantidad, el Gobierno se atreva a enajenar el templo, y que en su lugar se construya Quinta, Establo, Escuela, que sé yo, pero ya, en ese supuesto se haga muy difícil la restauración del Templo. El Sr. Rojas, me sugirió que me dirigiera a Bienes Nacionales para comunicar la reedificación y con esto quitar el predio del peligro; por tanto,

Teniendo en cuenta la edificación de otra cosa sobre las ruinas del Santuario; el entusiasmo con que la gente de toda la Parroquia, acogería la iniciativa; y el que S.E. me diera ocasión de ocupar en algo mis últimos días, de acuerdo con el Médico, le suplico, que si a bien lo tiene, se digne concederme el permiso para comenzar con el favor de Dios, está grande obra de la reedificación del Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, con la bendición de su Excelencia y la ayuda de todos los fieles de la Parroquia; y que me haga favor de concederme el Templo de Sn. Antonio que esta situado al costado oriente de la Plaza Pral. de este lugar, para celebrar ordinariamente el Santo Sacrificio del Altar, y establecer, allí, a ser posible, el Comité de Mejoras, Guadalupano.

El sr. Cura Meza, acogió con cariño, la iniciativa, y me ofreció ayudarme; pero veo con pena que su salud, yendo cada día peor, no garantiza gran cosa; con todo, si persevera en su buena voluntad, me servirá mucho de acuerdo siempre con lo que S.E. tenga a bien resolver.

¡Quiera Su Excelencia acordar lo conveniente a este proyecto, esperando en todo caso su bendición!

Su hijo en C. Ntro. Sr.


J. Jesús Franco

Hablemos entonces del templo como es hoy en día.  El templo consta de una sola nave de veinticinco metros  de largo y ocho metros de ancho.  Su techumbre está resuelta con cuatro bóvedas de arista, coincidiendo con la más cercana al acceso hay un coro.  La altura máxima en el interior es de ocho metros  y cuatro y medio en el sotocoro (es decir debajo del coro).

Si bien las bóvedas se reconstruyeron, parcial o totalmente, es casi seguro que se hayan colocado en la misma posición y proporción que las bóvedas originales.  En los  arcos  que se forman en los muros laterales, por la geometría de las bóvedas ( a los que se les llama arcos torales), hay ventanas hacia ambos lados, salvo en los correspondienes al coro. Los arcos transversales se prolongan en pilastras laterales. A lo largo de ambos muros laterales, a la altura del arranque de los arcos, hay una cornisa que coincide con la del altar mayor.

Complementario a la nave está la sacristía en el costado oriente (del lado de la epístola) y dos torres exentas, que no se aprecian en la fachada. Muy recientemente se agregó un elemento exterior en el lado derecho de la portada, de éste hablaremos más adelante.

Si pudiéramos colocar a un ladito las bóvedas para observar la estructura de los arcos torales, obtendríamos un esquema como el que se reproduce más abajo.


 
El Santuario deNuestra Señora de Guadalupe


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Ojalá fuera tan fácil
En el año 2008, y durante el año siguiente, se realizó la remodelación del centro histórico de Comonfort, esta etapa ocupó la plaza Dr. Mora y sus calles aledañas, La plaza 5 de Febrero y sus calles aledañas y las calles Abasolo, Magisterio y dos cuadras de la calle Hidalgo.  La remodelación implicó el cambio de pavimento, con la consiguiente renovación de redes hidrosanitarias, la remodelación de las fachadas y, muy importante, el acomodo subterráneo de las líneas eléctricas, telefónicas y demás que navegaban de poste a poste.   Entiendo que las redes telefónicas o de televisión por cable, no se colocaron subterráneas en su totalidad, pasando de una azotea a otra en algunos casos.

Como quiera que haya sido el resultado fue hermoso y, con el natural deterioro, prevalece en su valor estético quince años después.  Siguiendo este criterio a lo largo de los siguientes años se hicieron remodelaciones en las calles de Allende, Guerrero, Pípila, Juárez y Arista, en los tramos de estas calles cercanos al centro histórico. 

Pero, a diferencia de la primera remodelación efectuada, en las demás calles los cables aéreos prevalecen y no porque se haya olvidado de instalar los ductos subterráneos necesarios, parece ser más bien un asunto de que las complicaciones de recolocar todos esos cables son muchas y el beneficio muy poco. En lo primero estoy de acuerdo, en lo segundo no, máxime si observamos la enorme cantidad de ciudades y pueblos (mágicos o no) que han incrementado su belleza al "esconder" bajo tierra sus instalaciones eléctricas telefónicas o de tv por cable.

Para darme una idea, una muy leve idea, de lo que ganaríamos ocultando estos cables, realicé estas imágenes comparativas. Con y sin cables se podría llamar este artículo. Y ya que reconozco que esconder cables no es fácil, tampoco se crea que limpiar estas imágenes fue algo rápido y sencillo.
En esta última imagen parece no haber más que un cable que "remuevo" digitalmente, así es, pero este cable tiene una historia absurda: recién terminada la remodelación del año 2008, cuando una nueva administración llegó a la presidencia municipal, se determinó que era necesario dar energía eléctrica a los comerciantes que se instalan, eventualmente, en el andador 5 de febrero.

Esto en sí no es cuestionable ni negativo, el problema fue que alguien, a pesar de estar recién terminada la remodelación y a pesar de los miles de pesos que costó hacer instalaciones subterráneas, alguien se dijo a sí mismo: "ahorita me cuelgo del tablero, amarro un cable por la mufa y cruzo la calle por arriba trenzando los hilos que saqué, lo amarro al poste de enfrente con alambritos y fijo un tablero malhecho de triplay con contactos". 

Obviamente no tengo idea de qué pensó quien hizo ese arreglo, pero lo cierto es que la solución implica un menosprecio absoluto a lo que ya se consiguió. Es como poner un tendedero de ropa en la sala de la casa.  Quitar  los cables que existen de hace muchos años es difícil, pero poner cables aéreos donde no había… 
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Ojalá fuera tan fácil (cables áereos)
 
Iniciando por donde debí iniciar, sobre todo para quienes no estén familiarizados con esta zona o con la arqueología de esta región comento lo siguiente: en el municipio de Comonfort existen al menos cinco zonas arqueológicas y muchos más vestigios de éstas, muy probablemente desarrolladas en los primeros siglos del primer milenio de nuestra era.

Existen al menos ciento cincuenta sitios en el estado de Guanajuato que pueden considerarse cercanos a éste, ya sea por su contemporaneidad, por sus elementos arquitectónicos o por sus sistemas constructivos aunque, como se comprenderá, las similitudes y diferencias son muchas entre todos estos sitios.  Es decir, este sitio no es un caso aislado, ni siquiera en nuestro municipio.

La zona arqueológica de El Cerro de Los Remedios se localiza en la cara Sur del cerro del mismo nombre, a una altitud promedio de aproximadamente 1870 msnm, es decir setenta metros sobre el nivel del centro de la población.  Debo decir,  ya que menciono el centro de la población, que en línea recta hay escasos mil metros de calles pavimentadas, desde la plaza cívica hasta la zona arqueológica. Es decir que el recorrido se puede hacer perfectamente a pie aunque, debo aclarar que los últimos trescientos metros, por la inclinación de la calle, ameritan un esfuerzo especial pero, de qué otro modo vamos a salvar los setenta metros de diferencia de altitudes que cito arriba. Esto, hasta donde alcanzo a recordar, es una circunstancia única, dado que para acceder a casi cualquier zona arqueológica hay que desplazarse varias decenas de kilómetros desde la población más cercana. Esta situación también se da en las zonas arqueológicas abiertas al público en el estado de Guanajuato.

Esta cercanía ha tenido sus pros y sus contras:  favoreció el cuidado de la propia zona y la denuncia de los intentos de saqueo pero, al estar cerca de la población el espacio fue utilizado para muy diferentes usos, desde paseos y escapadas hasta los célebres "Pollos" del 2 de septiembre. La gente, sin mala intención y sin tener conciencia de la destrucción que provocaban, tomaba cualquier piedra para usarla de silla o de tribuna. Del mismo modo a más de alguna persona se le ocurrió tomar piedras para edificaciones contemporáneas. Afortunadamente el tipo de piedra predominante en el sitio no es apta para la mampostería. Es muy probable que la piedra volcánica existente (que además es la mayoría) provenga del propio cerro o de un lugar cercano pero, afortunadamente, no es una piedra apropiada para la fabricación de molcajetes, caso contrario ya quedaría muy poco de las edificaciones prehispánicas, dada nuestra muy añeja tradición de fabricar metates y molcajetes de alta calidad, justamente en este lugar.  Prueba de ello son las innumerables minas que, hasta antes del inicio formal de las exploraciones, existían en este mismo lugar, la mayoría de ellas se han ido rellenando, pero en las áreas donde se ubicaban los talleres de labrado, el sustrato sobre el que se trabajaba  fue compactándose poco a poco al grado que conformó una masa sólida que no pudo ser excavada para retirarse y se extrajo completa en su espesor de más de medio metro.

No es por justificar la destrucción mencionada, pero para los ojos no entrenados lo que existe en la zona son un montón de piedras y cerritos: formaciones naturales en el terreno.  Esto es también producto de más de mil años de despoblamiento.

Pero no imagine usted, amable lector, que el día que esta zona sea abierta al público y usted asista emocionado, va a encontrar los mismos cerritos y las mismas piedras de siempre.  

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La Zona Arqueológico de El Cerro de Los Remedios
Un factor es el hecho de que la zona es extensa, treinta y ocho hectáreas: 380,000 m2. Eso no sería problema, salvo que los propios encargados de la exploración arqueológica y su personal, también están a cargo del cuidado de ésta y al decir "el cuidado" hablamos de la vegetación que, en el tiempo de lluvias es muy invasiva y debe ser controlada y en el tiempo de secas le da por incendiarse, o es incendiada intencionalmente.  El año pasado los incendios de ambos tipos se contabilizaron por docenas y, si bien el cuerpo de bomberos del municipio acude al llamado, los propios trabajadores del sitio dan inicio a las labores de sofocar el fuego, incluso han encontrado que atacar el pastizal que se quema con un trapeador húmedo da resultados más rápidos que los apagafuegos que, con fragmentos de manguera, utiliza el cuerpo de bomberos.  Todo esto sin considerar el enorme riesgo que el humo y el fuego entrañan.

Tampoco es raro que alguien rompa la alambrada y acceda, a veces, hasta para robar leña y, en algunas circunstancias, lo que encuentren a la mano.  Por ese motivo también se debe distraer personal en labores de vigilancia y mantenimiento de la alambrada.

Pero no se crea que existe un distanciamiento entre la gente del barrio con la zona arqueológica, además del evidente factor de identidad, llega a ser una fuente de empleo temporal más que idónea, por la escasa distancia de las viviendas del barrio al área de trabajo. Además en ciertas partes, que no involucran edificaciones, temporalmente se ha permitido la permanencia de artesanos del molcajete que, además, tienen permitido explotar ciertas zonas para la obtención de la piedra, si bien el uso de explosivos está prohibido.

De manera adicional, pero muy conveniente, las áreas de la zona que no involucran construcciones y guardan una distancia con éstas, han sido reforestadas, evidentemente con especies de la zona, para que ameriten los menos cuidados posibles, pero esos pocos cuidados, dada la extensión del área, también ameritan algo de tiempo laboral.

Aunado a todo esto, la plantilla fija de trabajadores era de seis personas y se ha reducido a cinco.  En ocasiones, cuando esto es posible, se recurre a programas de trabajo temporal y es cuando todo puede avanzar un poco más. Pero las circunstancias que describo convierten el trabajo de exploración en una indeseable secuencia de avances y retrocesos: Se excava, se analiza un área, se consolida y se preserva, pero casi de inmediato hay que distraer esfuerzos en apagar un incendio,  en reparar la alambrada o en cortar la hierba.  

Si la maravillosa labor de explorar una zona arqueológica no es razón suficiente para apoyar este proyecto, su explotación turística debiera motivar, quizás más, a los tres niveles de gobierno, pero sobre todo al municipal que sería el más beneficiado con ello.  Es muy difícil decir cuánto tiempo se dilatará un trabajo de estas características, pero dar un plazo,  contando con tan escasos apoyos, es absolutamente imposible.

Deseo fervientemente que la labor esmerada, profesional y con un alto grado de altruismo que está llevándose a cabo en esta zona arqueológica sea recompensada para que pueda llegar a feliz término.  El conocimiento de lo que aquí existió y de quienes aquí habitaron es razón suficiente para otorgar el apoyo necesario. Añádase a ello el innegable beneficio de una zona arqueológica abierta al público a la que, como ya dijimos, se llega caminando desde el centro de la población. Si estos apoyos llegan, estarán agradecidos los chamacuarenses de hoy, los de las generaciones futuras y aquellos que llegaron y florecieron en este lugar, muchos siglos antes, incluso, de que a alguien  se le ocurriera llamarlo Chamacuero.

Agradezco al arqueólogo Omar Cruces Cervantes, su invitación, la detallada información que nos proporcionó y su amabilidad durante esta visita. Así como al Joven Nico sus comentarios pertinentes sobre estos trabajos.

La zona arqueológica del Cerro de Los Remedios
Desde hace varias décadas, en el municipio se tiene conciencia de la existencia de una zona arqueológica en el cerro de Los Remedios. Años después se tuvo conciencia de la riqueza arqueológica de todo el municipio, pero para que dicha conciencia se generalizara fue necesario el esfuerzo de algunos esmerados chamacuerenses, como el profesor Plácido Santana quien no dejó de llamar la atención del INAH sobre la existencia de estas zonas, ni de los no tan eventuales saqueos o destrucciones involuntarias. Es fama que, hacia sus últimos años, sus constantes apariciones en las oficinas de dicho Instituto, no eran tan bien recibidas por algunos de sus funcionarios. Esto último ni remotamente nos preocupa a los chamacuerenses, qué bueno que haya habido quien asumiera con tal denuedo la defensa de nuestro patrimonio arqueológico.

Gracias a esfuerzos como ese, poco a poco fue posible realizar todo el proceso legal para conformar lo que hoy es un espacio arqueológico en proceso de exploración.  Esto se dice muy sencillo, pero implica un largo proceso que involucra muchos aspectos, desde el estatus del propio predio, sus accesos o su uso actual, por no mencionar las características de los sitios en sí y su valor arqueológico como tal.  Pero no es mi intención detallar ese proceso sino enfatizar que es sumamente afortunado que este sitio, ese que conocemos desde siempre, esté teniendo el mejor destino que un sitio arqueológico pueda tener y hablo de su exploración formal, la que nos aportará toneladas y toneladas de información al respecto de nuestros ancestros.  La explotación turística, con todo y los beneficios económicos que provoque, no es el objetivo primordial cuando se realiza la exploración formal de un sitio, aunque siempre es una consecuencia.
Pese a lo que acabo de mencionar, será fantástico el día en que, en una sola calle, los chamacuerenses (y por supuesto los visitantes) podamos acceder a un templo con retablos barrocos del siglo XVIII, una zona arqueológica de la Tradición El Bajío y un espacio de gran valor ecológico que culmina en un templo de arquitectura contemporánea y un imponente mirador. Todo en una sola calle. Con suerte y nombran Pueblo Mágico a Comonfort, no perdón, ya lo nombraron.

Sin embargo, la exploración formal de este sitio arqueológico dista mucho de ser una fiesta de reafirmación y descubrimientos del periodo Formativo y del periodo Clásico; en días pasados tuve la fortuna de realizar una visita a esta Zona Arqueológica, gracias a la amable invitación del Arqueólogo Omar Cruces Cervantes; bueno, debo aclarar que yo le pregunté si se podía visitar la zona y él, amablemente, me invitó a realizar esta visita.  Digo que la exploración no es una fiesta por diferentes motivos de los que hablaremos más adelante, pero que involucran la extensión misma del sitio, su ubicación y, de manera destacada, la irregularidad con que los apoyos y los recursos pueden aplicarse a este objetivo.
Como los sitios arqueológicos de la época y de la región, nuestra zona cuenta con basamentos piramidales, plazas y patios hundidos. Pero sólo son perceptibles para los especialistas, ellos se avocan a una minuciosa labor de excavación en donde toda la información obtenida es registrada. Posteriormente realizan acciones tendientes a la preservación de estos vestigios. Puedo asegurarle que, para mi vista neófita, resulta increíble cómo se ha dado esta transformación en los elementos que, hasta este momento, llevan ese grado de intervención.  Es realmente emotivo revalorar los vestigios, esos que, de algún modo siempre estuvieron (y no) a la vista para constatar el grado de civilización que existía, a mil metros de la plaza cívica, hace más de mil quinientos años.

Actualmente se dice que este sitio era el que tenía mayor relevancia en el entorno del Valle de Chamacuero y en relación a los otros sitios del municipio, dada su ubicación estratégica que, paradójicamente, le permite una visión casi total del entorno y, a la vez, permanecer semiescondido en la falda del cerro. Por lo mismo y por las características de las edificaciones existentes, con toda seguridad este era, además, un centro ceremonial.

Aquí hago un paréntesis para contarle algo singular, en algún punto del área de trabajo se realizó una exploración minuciosa en una pequeña cepa, se extrajo, capa por capa, todo el material, colocándolo de manera ordenada para su recolocación. Una vez registrada la información que debía ser registrada, se procedió a recolocar el material, capa por capa, humectándolo para su compactación óptima. Fuera por esa humectación o por haber removido el material, el caso es que germinó una palma en esa cepa, como un regalo de la tierra para mayor singularidad de este sitio.
Creo que hay dos preguntas más bien irrelevantes en torno a cualquier zona arqueológica en exploración, debo aclarar que esto no me lo dijo el arqueólogo Omar Cruces, él es más comprensivo con las inquietudes de la gente.  La primera pregunta irrelevante es ¿Qué han encontrado? Y la gente imagina que hay objetos de oro, piedras preciosas, figurillas de jade o de obsidiana. No hay nada de eso, ni siquiera vasijas de barro ni piedras labradas ni, para decirlo concretamente, nada que se pueda asegurar que pertenece a una zona arqueológica.  Es decir que si usted toma una piedra del sitio, probablemente destruya evidencia arqueológica y la información que esa piedra, puesta en su lugar contenía, pero es una piedra como la que puede encontrar en el patio de su casa, o en cualquier otro sitio.  Si alguien tomara uno de estos fragmentos no habrá modo alguno en que pueda demostrar que pertenece a un sitio arqueológico.  Pero esa piedra removida de su lugar nos deja incompleto un maravilloso rompecabezas que en su momento nos hablará de cómo eran los pobladores de esta región hace, repito, más de 1,500 años.

La segunda pregunta es ¿estos pobladores eran chichimecas, otomíes o qué eran?  Aquí si debo hacer uso del conocimiento arqueológico que apenas tengo y decirle que los pueblos prehispánicos a los que podemos asignarles un nombre original y un grupo etnolingüístico, datan cuando mucho del siglo XIII de nuestra era.  Hacia atrás solo contamos con suposiciones; esto aplica para todo el territorio nacional.  Como referencia el nombre de Teotihuacán fue asignado por los mexicas cuando dicha zona tenía varios siglos de haber sido despoblada, pero ni ellos sabían quiénes habían habitado o construido esas imponentes pirámides. Lo mismo aplica para los pueblos del periodo clásico.  Cuando visité la zona arqueológica de Ranas, cercana a San Joaquín, Qro., me agradó que, en uno de esos letreros informativos (que poca gente lee), se decía que en esa zona y una zona vecina, fueron pobladas por un grupo humano a quienes, por no tener un modo de denominarlo, los llamaron serranos.  Quiero decir, que para desarrollos culturales tan antiguos, cualquier nombre será asignado contemporáneamente.  Dicho sea de paso, toltecas, chichimecas, mexicas, purépechas, pames, son pueblos muy posteriores a los pobladores de la Tradición Bajío (300 a 700 d.c.), a la que corresponden la mayoría de los sitios en el estado.

Luego de criticar y responder preguntas que, en realidad nadie ha hecho todavía, regreso a lo que mencioné al principio.  Hay varios factores que impiden que los trabajos arqueológicos se lleven a cabo en el tiempo que todos, incluidos los propios arqueólogos, quisieran. 
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El Camino Real
Hay un tema, de entre los que son materia de este espacio electrónico, al que terminé llegando por solicitud, no explicita, de muchas personas que consideran que es de la mayor importancia, hablamos de el Camino Real y el término puede hacernos pensar en muchas cosas, desde una añeja vía de comunicación, ya en desuso pero aún visible, hasta edificios, puentes o rutas comerciales con valor histórico.

El Camino Real de Tierra Adentro, para mencionarlo con su nombre completo, es todo eso y más. Quizás una de las razones por las que no llegué a este tema por mi propia iniciativa, radica en el hecho de que muchos de quienes ponderan la existencia del Camino Real en Comonfort, no se ponen de acuerdo, ente ellos, a qué fragmento de los actuales caminos existentes en nuestro municipio se le llama o se le debe llamar Camino Real.

Pero luego de escuchar mucho sobre el tema, y no escribir al respecto, el historiador Carlos Francisco Rojas me solicitó un artículo para el Boletín del Archivo Histórico, eso fue en 2018, a principios de 2026, participé en una charla sobre el mismo tema, con el añadido de que en 2024, el citado Camino Real de Tierra Adentro fue declarado Patrimonio Cultural Tangible de los guanajuatenses por el Congreso del Estado, ya en 2010 la UNESCO lo había declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad. 

Por todo lo anterior me sorprendió a mi mismo que en este espacio electrónico nunca se le haya dedicado un artículo a este tema, pese a las razones que aludo.  Por ello mismo reescribí el artículo del boletín, esa nueva versión, poco corregida y sí muy aumentada es la que ahora comparto en este artículo, esta mal que lo diga pero está bien documentado y da inicio, como debe ser, desde el génesis histórico del Camino Real.
Luego de concluida la conquista española, en 1521, el vastísimo territorio recién conquistado fue explorado incesantemente, en parte por la necesidad imperiosas de conocerlo, en parte por la necesidad, aún más imperiosa de encontrar riquezas. Veinticinco años después y de manera casi accidental se descubrieron los yacimientos de plata de Zacatecas. Esto propició un auge minero en esta región y con ello la necesidad de comunicar, de manera más eficiente esta región con la capital de la Nueva España. Este puede considerarse como el germen de lo que se denominaría como el Camino Real de Tierra Adentro, también llamado, por lo recién dicho, Camino de La Plata (1).  Antes de una década ya se había descubierto plata también en Guanajuato y, posteriormente, aunque no en ese orden hubo actividad minera en Pachuca,  San Luis Potosí, Fresnillo,  y varios sitios en el estado de Chihuahua, incluida la propia ciudad de Chihuahua, aunque más de un siglo después (2).  El camino y los pueblos mineros prosiguieron más al norte aún, en la búsqueda de un mítico Nuevo México, presunta fuente de riquezas inagotables(3), en ese extremo, hacia 1600, se fundó Santa Fe en el actual Nuevo México que, como sabemos, en esos años formaba parte del territorio de la Nueva España.

Sin negar, en modo alguno, la importancia que la explotación minera tuvo para el desarrollo del Camino Real de Tierra Adentro, resulta evidente que antes de 1540 ya existían caminos desde la Ciudad de México hasta los primeros lugares colonizados en dirección al norte: Pachuca, Querétaro, Acámbaro, etc., Más aún, siendo esta región asiento de culturas prehispánicas desde el clásico, es evidente que a lo largo de todo ese tiempo, estas culturas dependían política y comercialmente de centros como Teotihuacán, Tula o Tenochtitlán," lo que patentiza la existencia de contingentes humanos en movimiento por caminos permanentes, ya se tratara de guerreros, comerciantes o peregrinos"(4) .

El calificativo de "Real" se aplicaba a todos los caminos del imperio español, ya fuera en la Metrópoli o en sus colonias, con el único requisito de que fueran transitables en carreta, para la época esto era posible para caminos con un cierto tráfico, lo que quizás enfatizaba el adjetivo de "Real". La parte de "Tierra Adentro" hacía referencia, más que al hecho de no ser paralelos a las costas, al de ser la ruta de exploración de terrenos hasta cierto punto ignotos.

Muy probablemente esta sea la razón por la que algunos, en Comonfort, consideran que el Camino Real es el que corre, paralelo al río Laja, y pasa por las comunidades de Orduña y Sn Jerónimo, otros más dicen que es el que prolonga la calle Juárez y, en sentido estricto llega hasta Empalme Escobedo, pasando por el barrio de Melgarito, la nueva presidencia y la hacienda de Melgar. Otros más pueden decir que es el camino que sale de Soria y prosigue hasta San Juan de la Vega, pasando por el histórico punto en que fue asesinado Ignacio Comonfort.

Ese larguísimo trazo, que se estima en 2,600 km desde la ciudad de México hasta Santa Fe (5),  fue perfilándose a lo largo de muchos años, al ritmo en que algunos sitios ganaban importancia y requerían comunicarse con el resto del territorio. Si bien la explotación minera fue el detonante para la construcción de estos caminos, muchas otras actividades contribuyeron a su desarrollo y el desarrollo mismo solventó, también, muchas otras necesidades. Si este fuera exclusivamente "El camino de la Plata" sería un camino de un solo sentido, en el sentido opuesto a la plata que fluía hacia la Capital del Virreinato y de ahí a Europa, el camino fue recorrido por "comerciantes y ganaderos; también fue utilizado por misioneros, colonizadores, indígenas chichimecas, otomíes, nahuas y tlaxcaltecas, soldados, arrieros y demás personas que a lo largo de los siglos construyeron haciendas, misiones, iglesias, puentes y presidios"(6).

Si uno observa el trazo del Camino Real de Tierra Adentro en la perspectiva de su totalidad, puede dar la impresión de que es bastante recto o uniforme en su desarrollo de sur a norte. Como si las ciudades se hubieran desarrollado a partir de la creación del camino, cuando en realidad fue al revés. La distancia entre ambos puntos, en línea recta es de 1,900 kilómetros, si, las necesarias desviaciones producto de la topografía y de la ubicación de las ciudades principales a lo largo del recorrido, generan un 36.8% de incremento, el camino es bastante recto para un trazo tan largo y para atravesar lugares que llegan a presentar topografía muy abrupta, o accidentes topográficos que comprometen el ágil tránsito por las regiones.
Oficialmente, este camino discurre por el territorio de los estados de: Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Querétaro, Guanajuato, Jalisco, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí, Durango y Chihuahua (7).  

No debe pensarse, tampoco, que el camino no tenía derivaciones a lo largo de su trayecto. Éste era el eje rector de las comunicaciones en esta parte del territorio, pero, por supuesto, muchos sitios lejanos a este trazado tenían brazos de comunicación hacia este eje, pero, como ya se ha dicho la importancia de la extracción minera supeditaba los cursos de los caminos a confluir con el Camino Real de Tierra Adentro.

Este camino cumplió su función durante más de tres siglos, prácticamente hasta que el ferrocarril pasó a convertirse en un medio más eficiente que la marcha o la tracción animal. El ferrocarril poco pudo coincidir con el camino real, por sus requerimientos propios de trazo, sin embargo, hay algunas partes donde aún hoy coinciden. El surgimiento, en el siglo xx de los vehículos automotores terminó por relegar el uso del Camino Real, no obstante, se conservan muchísimos kilómetros de éste y una cantidad también importante, fue incorporada al trazo de los nuevos caminos asfaltados, otra fracción sigue siendo usada como medio de comunicación, incluso mediante el uso de vehículos automotores (8).

Más importante que la pervivencia del propio camino, lo son el reconocimiento de éste como "Patrimonio de la Humanidad" de La UNESCO. La declaración del mismo se dio en el año 2010.  El Camino es un bien cultural que a su vez liga, en la distancia y en el tiempo una serie de bienes inmuebles o espacios arquitectónicos de alto valor histórico y artístico. Oficialmente se consideran cincuenta y nueve de éstos en los once estados que integran el camino, en el territorio mexicano.  También el camino es nexo entre bienes culturales intangibles, tantos como basto y rico es el territorio que va cruzando.

Y si los propios comonforenses, no estamos totalmente de acuerdo sobre qué caminos, aún existentes y, muy importante, aún con un tránsito cotidiano de personas, ciclistas, bestias y vehículo automotores, son el Camino Real, en otros municipios hay quienes consideran que el único camino Real persistente son los fragmentos del trazado original que subsisten. Pero más allá de lo que opinen en otros municipios o de lo que nos alejen de la declaratoria de la Unesco, para todos nosotros existe, no uno, sino varios caminos transitables que, me atrevo a decir, al haber sido su curso remplazado por vías férreas y carreteras que se les adosaron, se han mantenido bastante intactos y bastante cercanos al aspecto que habrán tenido cuando aún no se generalizaban ni el ferrocarril y mucho menos los vehículos automotores.  Es decir que, si uno cruza el puente de Guadalupe y en vez de seguir hacia Neutla da vuelta a la izquierda, en muchos fragmentos de ese recorrido, pocos detalles le demostrarán que no estamos en el siglo XVIII o XVII. Si, por el contrario, da usted vuelta a la derecha sucede lo mismo y ambos tramos se prolongarán por cinco o siete kilómetros, mismo caso si usted toma la calle Juárez hacia el sur, ese camino lo dejará en Empalme Escobedo. 

(1) Salinas Ramos, Miguel Santos, Entre el reconocimiento y el abandono. La situación del Camino Real de Tierra Adentro en el norte de Guanajuato. Revista Pasos. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, vol. 14, núm. 5, octubre, Universidad de La Laguna, El Sauzal (Tenerife), España, 2016, Pág,1110

(2) Bargellini, Carla, Camino Real de Tierra Adentro/Chihuahua. Las rutas de las misiones, Cuadernos del Patrimonio Cultural, Cuaderno 15, Conaculta, México, 2006 pág. 162.

(3) Ibídem. Pág. 163

(4) Jiménez Gómez, Juan Ricardo, El Camino Real de Tierra Adentro a su paso por el pueblo de Querétaro y el mercado a finales del siglo XVI y principios del XVII, Caminos y mercados de México,Janet Long Towell y Amalia Attolini Lecón (coordinadoras), UNAM,INAH,México, 2009,Pág. 265.

(5) Expediente presentado a la UNESCO para la obtención del Reconocimiento Patrimonial del Camino Real de Tierra Adentro, Pág. 6.

(6) SALINAS RAMOS, Miguel Santos. "El Camino Real de Tierra Adentro en el norte de Guanajuato: Problemas y Propuestas para su Gestión" RIIPAC, nº 9, España, 2017, Pág., 67.

(7) Expediente presentado a la UNESCO para la obtención del Reconocimiento Patrimonial del Camino Real de Tierra Adentro, Pág. 4.

(8)SALINAS RAMOS, Miguel Santos. "El Camino Real de Tierra Adentro en el norte de Guanajuato: Problemas y Propuestas para su Gestión" RIIPAC, nº 9, España, 2017, Pág., 70.

(9) ROJAS GÓMEZ, Francisco. "El camino Real y otros caminos en el Valle de Chamacuero" Boletín del Archivo Histórico del Municipio de Comonfort, No. 9,México, 2018, Pág.13


El historiador Carlos Rojas ha documentado varias menciones a los caminos de nuestro pueblo en documentos tan antiguos como del siglo XVI, ya fuera como indicadores de límites o posiciones, o por menciones al uso de los caminos por parte de diferentes tipos de comerciantes o productores(9).
 
Tal vez desde fuera les parezca exagerado que nosotros aseguremos tener más de veinte kilómetros de camino Real y por ello nos den a entender que nuestro camino no era tan Real o que no formaba parte del camino de La Plata. Lo primero es falso porque todos los caminos recibían el apelativo de Real, como ya dijimos, todos le pertenecían al Rey, aunque nunca se haya dignado transitarlos. Lo segundo es un poco más cierto, pero no hay que imaginar el Camino de la Plata como una línea única sino como un tronco de muchos ramales, esos ramales sí que pasaban por Chamacuero y más de alguna vez habrán brindado una alternativa a los viajeros, cuando la ruta principal presentara dificultades de la índole que fuera.

Pero no vale la pena enredarnos en pertenecer forzadamente a cualquier denominación o declaratoria, es más importante saber que, cotidiana o eventualmente, recorremos los mismos trayectos que los chamacuerenses de hace doscientos o trescientos años, que algunos de los árboles hoy presentes ya se encontraban entonces; del mismo modo que las construcciones más antiguas y hoy se complementan con el discurrir de los caminos como un ente de alto valor histórico. Que podamos recorrer los mismos caminos, que estos caminos conserven su aspecto tradicional y que ello sea un valor que todos entendemos y celebramos es muy enriquecedor, aunque sólo fuéramos nosotros, los chamacuerenses de hoy en día los que nos percatemos de ello.

Tal vez, con un poco de imaginación, podamos caminar cualquiera de estos caminos y escuchar el paso de las carretas o los caballos, ver a los arrieros con sus largos cargamentos de todo tipo, afanados en llegar a su destino y tender un lazo entre nuestros pasos y las andanzas de quienes nos precedieron, es el mismo camino, como ya sabemos.

 
El claustro del templo parroquial de San Francisco de Asís es un espacio singular, primeramente porque tiene una parte construida en el siglo XVIII, el primer piso de un patio porticado con arcos de cantera. En segundo lugar, porque tiene una parte construida en el siglo XX, que armoniza totalmente con el resto del conjunto, la segunda planta del mismo patio porticado.

La construcción de la segunda planta es tan acertada que cuesta un rato percatarse de las diferencias entre ambos niveles. Esta segunda planta fue promovida y dirigida por el entonces cura párroco Francisco Nambo Calderón. Créame usted que más de un grupo de arquitectos y de arquitectos restauradores no hubieran obtenido tan buen resultado como el que obtuvo el padre Nambo.

Entrando en detalles técnicos el espacio tiene una dimensión de veinticuatro metros de paño a paño, es decir en el interior de sus muros, y es la misma dimensión en un sentido y el otro es decir que su planta es cuadrada; la dimensión del espacio abierto es de catorce por catorce metros.

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El Claustro del templo de San Francisco
Cada cara interior del claustro tiene tres arcos de medio punto en cada nivel, apoyados sobre columnas de planta rectangular, es decir que si nos colocamos al centro del patio veremos los veinticuatro arcos y las correspondientes columnas.

Pero los arcos también se desplantan, desde las mismas columnas hacia el interior y se apoyan en el muro perimetral, el espacio resultante entre estos arcos se resuelve con una bóveda de arista. Siendo así el conjunto de galerías (así se llama a los pasillos que delimitan el espacio abierto interior) tiene dieciséis bóvedas de arista, para un total de treinta y dos.

A final de cuentas el claustro está ahí, una parte desde hace cuatro siglos y otra desde hace medio siglo, para cumplir las funciones que la vocación de este inmueble la ha requerido desde su creación, también está para la contemplación y disfrute estético de cuantos tengan oportunidad de conocerlo.

Pero una, de entre muchas, funciones que ha tenido este espacio, desde hace muchos años, tal vez trescientos, es la de ser el entorno de algunos rituales de semana santa, tanto del Jueves como del Viernes Santo.

Ya hemos comentado en este espacio los rituales de Semana Santa, realizados por la comunidad del templo parroquial y que se efectúan en torno a una muy antigua imagen de Cristo que, además de todo, está articulada, muy probablemente creada así, para su participación en estos rituales.

De manera complementaria al viacrucis que se realiza con esta imagen el Viernes Santo, el jueves en el claustro se representa la aprensión del señor en el Huerto de los Olivos y el Viernes, luego del viacrucis el Cristo es tendido en el centro del Claustro.

Desde el miércoles Santo, por la mañana, los encargados de acondicionar el lugar, van llevando los elementos necesarios, estos incluyen diferentes tipos de plantas, ramas, adornos con flores, plantas en su maceta, troncos, y, para no desmentir el nombre, un grupo de olivos, sí olivos en enormes macetas, que se cuidan durante todo el año (y desde hace muchos años) para traerlos al claustro el jueves santo.

Hasta hace poco se utilizaba un enorme tronco para colocar la imagen de Cristo sobre él. Después los organizadores consideraron que no era algo ni indispensable ni que aportara mayor realismo o belleza al conjunto.

Un elemento muy importante, que el jueves por la noche no es muy notorio, es una enorme lona con la que se cubre el claustro en los pretiles del segundo nivel. 

El señor Javier Pérez, encargado de este ritual, nos dice que si él dirige la maniobra de colocar el manteado, esta tarea dura unas tes horas, pero si los deja solos se pueden llevar cinco o seis.

Como es de comprenderse, cada año el diseño final varía un poco, pero cada jueves santo,  el claustro nos transmite la impresión de estar en un lugar especial, no solamente por el acertado acomodo de las luces utilizadas y la esmerada distribución de los elementos vegetales ya mencionados sino porque una bella alfombra verde de plantas aromáticas cubre el piso del claustro y la emanación combinada de dichas plantas (cuatro especies diferentes) no solo es muy agradable, aporta una sensación de tranquilidad muy especial.

Muchas personas visitan este singular huerto de los olivos, durante varias horas se recibe a quienes, por diferentes motivaciones, recorren a paso lento los pasillos del claustro.

Hacia las nueve de la noche la imagen es maniatada, vendada de los ojos y puesta en una plataforma, en la que, acompañada de una veintena de centuriones, y Judas a la cabeza del grupo, harán un breve recorrido por las calles del centro. 

El recorrido es breve, pero en ese pequeño lapso el huerto de los olivos es desmantelado y todos los elementos que lo integran retirados del claustro.

Cuando la imagen regresa solamente hay una jaula de madera en donde es colocada un breve tiempo, mientras haya visitantes al claustro.

Al día siguiente, luego del viacrucis la imagen está tendida en un lecho blanco, con adornos florales en torno y, un poco más lejos, reclinatorios para los visitantes.

Aquí es donde el manteado cumple su función más acertada, la luz que deja pasar al interior tiene la intensidad y la tonalidad apropiadas para crear un ambiente de recogimiento, meditación y luto, propios a las circunstancias.

Más tarde la figura es ataviada con su indumentaria cotidiana y colocada en la sacristía, a la espera del próximo Jueves Santo. El claustro entonces recobra su aspecto cotidiano y cumple sus otras funciones, como ha sido desde hace cuatrocientos años.

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El Claustro del templo de San Francisco
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